Collage
literario pergeñado por Javier "Cucho" Márquez,
conspicuo integrante de la Comunidad Amigos del Folklore Argentino.
¿Cómo
me podría olvidar nunca del carnaval salteño, en ese verano
de mi adolescencia? ¡Ay tiempos, dónde han quedado, dónde
he perdido mis sueños! ¿Quién sabe si ella se acuerda
de un viejo mes de febrero, y de aquel baile en el campo y de mi amor
verdadero?
Por
eso cada año, por más lejos que me halle, cuando llegue
el carnaval, solita y sin que la llamen vendrá mi copla pa' hacerte
llorar. Pues cada año por estas fechas me pasa como al bandeonista,
al que de golpe, los Carnavales se encrespan en el fiero Arias y se le
suben al pecho, como una flor colorada.
Quizás
será que uno se va haciendo mayor y tiene aún menos años
que nostalgias y sueña vanamente que pa l verano lo
han de hallar, justito pa l Carnaval, rodeao de viejas carperas,
llorando en el fuelle del Payo Solá.
Nosotros
a veces no cumplimos nuestras promesas y llegamos tarde o nunca a nuestras
citas. El Carnaval no, siempre allacito nos está esperando. Pobrecito
el Carnaval, la vida le da mal trato. Siempre solito y puntual trajinando
dicha y llanto.
Los
changos cantan ya: Llegando está el carnaval quebradeño,
mi cholitay. Fiesta de la quebrada humahuaqueña para cantar; erke,
charango y bombo,carnavalito para bailar. Las chinitas se adornan con
sus mejores galas y se disponen a la fiesta como la bella pomeña,
que el sauce de tu casa te está llorando, porque te roban Eulogia
carnavaleando
Y
un año más ya estás volviendo a las Carpas, donosa
del Carnaval, buscando el amor perdido: el que se ha ido sin regresar.
Tu pelo en la cintura con el viento quiero volar, hacia la luna del vino
machadito del Carnaval. ¡Qué alegres son tus ojos en la fiesta
de tu mirar! Nunca te olvides la copla soñadora del carnaval.
¿Es
que hay alguien que haya estado en Salta en estas fechas y pueda haberla
olvidado. ¿Y cómo pues? Carpas de Salta, las vuelvo a recordar:
bandoneón y guitarra, zambas para bailar. Chicha y aloja, vinito
pa tomar: ramas de albahaca verde, olor a Carnaval.
Le
viene ganas a uno de olvidar que es un cincuentón sin remedio y
lanzarse a las carpas a mosquetear, a la fiesta, al baile a los requiebros.
Para usted, que no está sólo tengo esta zamba y un blanco
pañuelito, que hallé solito en el carnaval. Quién
lo vendrá a buscar al pañuelito del carnaval. Quiero bailar
la zamba los dos solitos, para trampearte el alma con mi gualicho. Tu
pañuelito blanco busca el consuelo; mi corazón lo sigue,
de vuelo en vuelo. Se prende de tu cintura; no tiene chura este carnaval.
Y
la fiesta sigue y sigue. Ya van tres noches bailando: la albahaca ya está
marchita. Si no machan a las vieja, nos quedamos sin chinitas. Dame la
caja chayera, yo soy cantor avenido. Cuando empiezo a verme pobre, cantando
lo ahuyento al vino.
Hasta
que el vino se acaba y la albahaca se marchita, entonces sólo te
queda el recuerdo y la nostalgias. Volaste al cielo, paloma, sólo
por verme llorar. Yo me he quedado sin copla; la albahaca sin Carnaval.
Y
la verdad es que algunos llevan la macha muy mal. Por eso no es raro ver
tras la fiesta como junto al camino está caido, chumadito el Carnaval.
Cuando la tierra calienta gusto a algarroba me da y me hace llorar la
caja de verme tan lejos la vidalitay.
Pero
hay incluso quien tiene suerte, como ese pariente de nuestro amigo anteño
que podrá luego cantar cómo un miércoles de ceniza,
enharinados nos vio pasar y en ancas de mi zaino luego a mi rancho fuimos
a dar.
Pero
a otros como a mí sólo nos ha quedado la nostalgia, pues
no quise decirle nada, la amé en silencio esa tarde, y sobre sus
trenzas negras dejé mi copla sentida. Me fui llevando sus ojos
un miércoles de cenizas.
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La
festividad del carnaval forma parte indisoluble de las tradiciones latinoamericanas.
En el caso de la música argentina de raíz folklórica,
la influencia de esta tradición lo transforma en escenario casi
obligado de vivencias personales, de alegrías y tristezas, estas
últimas casi siempre originadas en algún conflictivo asunto
amoroso.
Cucho
ha sabido plasmar el relato de sus experiencias juveniles (¿reales
o ficticias?) haciendo uso de trozos de los versos que se cantan en canciones
que han alcanzado, cada una de ellas en su momento, el reconocimiento
y aceptación popular.
Vista
de la Quebrada de Humahuaca, en las cercanías de Tilcara (Jujuy
- Argentina), región en la que el carnaval aún se celebra
a la manera tradicional.
Dice
Cucho de si mismo: Un servidor, Javier "Cucho" Márquez,
casado, mayor de edad, vecino de Puerto Pollensa, Mallorca. Hijo de Mercedes
y de José, de profesión escribidor y aunque diga el registro
en un asiento, que es barcelonés de nacimiento y cochabambino de
educación, su corazón es colla y bien salteño.
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