Jaime Dávalos..., salteño

Temor del sábado, en la voz de Jaime Dávalos
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Temor del sábado

El patrón tiene miedo que se machen
con vino los mineros.
El sabe que les entra como un chorro
de gritos en el cuerpo.

Que enroscado en las cuevas de la sangre
les hallará el silencio,
el oscuro silencio de la piedra
que come sombra socavón adentro.

Que volverá, morado,
con bagualas del fondo de los huesos
su voz, golpeando dura como un puño
en el tambor del pecho.

Con pupilas abiertas como tajos
le pedirán aumento,
mientras quiebren, girando entre las manos,
el ala del sombrero,

y los ojos, de polvo y pena tristes,
les caigan como manchas sobre el suelo.

Hay que esconder el vino entre cerrojos,
el vino pendenciero.

Hay que esconder el vino como un crimen,
el vino pedigüeño.
Que ni una gota más caiga en la boca
desierta del minero,

donde el grito se tapa con la coca,
y con alcohol la sed de amor y besos.
Hay que esconder la primavera en sangre
del vino que descubre los secretos.

El patrón ha mandado que lo guarden
y se ha vuelto vinagre en el encierro,
de noche tiene vómitos y duendes
de luna que se bañan en su cuerpo.

Los ojos del patrón lo custodiaban
por arriba del sueño,
los ojos del patrón tienen dos ángeles
desvelados de miedo.

Juan Contrera

A Ricardo Loma

Madruga expectorando sus carajos
trasminando amargada nicotina.
Su púlpito es la cárcel o la esquina
donde ventila rabias y gargajos.

Siempre fue mal pagado su trabajo
por eso busca alivio en la cantina,
orillera tribuna de doctrina
donde purgan sus quejas los de abajo.

Nació terco, rebelde y pendenciero
y el rigor policial le curtió el cuero
guasqueándolo sin asco y con alambre.

¿Y cómo quieren que no sea malo,
si ya se ha vuelto cascarudo el palo
viviendo a la intemperie y muerto de hambre?.

(Ambas poesías tomadas de El Nombrador
– 1957-1959, editado en 1966, por EUDEBA)

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