Los chicos de Afganistán, según UNICEF 

Del diario Clarin.com - Jueves 25 de octubre de 2001

LOS CHICOS DE AFGANISTAN, SEGUN UNICEF
El miedo ya es el primer sentimiento de sus vidas

Por DANIEL JURI. de la Redacción de Clarín.

Ya están vencidos. Y en esta guerra todavía no hubo vencedores. Son los chicos de Afganistán, que se suman a los de la legión: de Bosnia, de Ruanda, de Liberia. Lo dice Unicef. Y el dato, como en Bosnia, como en Ruanda o Liberia es, una vez más, escalofriante: Hay un millón y medio de chicos con menos de cinco años que no podrán sobrevivir sin ayuda internacional.

Y hay más: un 25 por ciento de los nacidos en Afganistán van a morir antes de cumplir los cinco años. La mitad de ellos ya están desnutridos.

Hace apenas cuatro años, sobre el fin de la guerra civil, Unicef encuestó a trescientos chicos de Kabul: el 90 por ciento dijo que debería haber muerto en esa guerra. El 75 por ciento, que no tenía expectativas de vida para cuando sean adultos. Un 66 por ciento tenía miedo. Y la mitad de ellos admitió, además, que ése era el 
primer sentimiento de sus vidas. Fue hace sólo cuatro años y todo empeoró para ellos, en este flamante siglo XXI.

"Yo viví en Afganistán en los años setenta. Siempre fue uno de los países más pobres del mundo, pero tenían paz, con tradiciones muy 
fuertes pero alejadas de la realidad cotidiana. Y lo que hemos visto en estos últimos años es cómo una vieja cultura de ellos, casi mítica volvió a ser realidad entre los chicos de este siglo: la protección del honor familiar, la venganza. Eran cosas del siglo dieciocho. Todo eso volvió Y hoy, en un país que ha sufrido 20 años de guerra civil, con dos millones de muertos, casi todo el mundo tiene sentimientos de venganza. Imagínese lo que pasa, en ese contexto, con los niños".

El que habla es Edward Madinger, representante de Unicef Argentina. Norteamericano de origen, dejó su país hace mucho tiempo. Empezó su exilio voluntario —y solidario— en Afganistán. Por esos años, fue profesor de inglés en la Facultad de Medicina de Kabul y maestro secundario en la ahora castigada ciudad de Herat. Lo dice casi con nostalgia: la escolaridad siempre fue uno de los dramas de ese país. 
Hoy, es apenas un lujo para pocos, muy pocos. Solo el 30 por ciento de los varones tiene algún contacto con la escuela primaria y un 10 por ciento en el caso de las mujeres, aunque en algunas regiones, ya que desde 1996, el régimen talibán clausuró los colegios femeninos.

En ese marco y arrinconada por el bombardeo anglonorteamericano y por la dureza del régimen de Kabul, Unicef está, por estas horas, 
tratando de hacer entrar a territorio afgano varios cargamentos con ayuda humanitaria. Ya establecieron algunos corredores por Irán, Turkmenistán y Pakistán. Llevan ropa, medicamentos, carpas, comida, agua. Y ahora intenta perforar la zona más dura, donde imperan los pashtun, la etnia sobre la que sienta sus bases el régimen talibán.

"Ya todos saben que es muy peligroso para un occidental trabajar en Afganistán. Nosotros tenemos 70 afganos que son funcionarios de Unicef actuando en todo el país y son los que distribuyen la ayuda humanitaria. El problema es que nuestros empleados están muy limitados por las autoridades y no tenemos acceso independiente a lo que está pasando. Cuando ellos nos hablan por radio tienen a alguien al lado controlando lo que dicen. Eso dificulta todo mucho", dice Madinger. De todas formas, aclara, "ahora los talibán están dejándonos entrar en las zonas en las que la seguridad lo permite".

El funcionario muestra el último correo electrónico con noticias muy fragmentadas del lugar. Parece un parte de guerra. Llegó poco antes de la entrevista con Clarín, vía Ginebra: "Los médicos de nuestro equipo están haciendo chequeos rápidos entre los niños. Han encontrado algunos casos aislados de diarrea...Esta mañana un convoy  de Unicef dejó Quetta... Transporta agua, caños de plástico y cemento... Esperamos que llegue a Herat este viernes..."

Es una carrera contra reloj: se acerca el invierno y el desierto amenaza con castigar tanto como las bombas. "Estamos necesitando 35  millones de dólares para proteger a los chicos en los próximos seis meses, hasta que llegue la primavera. El invierno afgano es muy  feroz", dice Madinger. Hasta ahora, Unicef consiguió sólo el 20 por  ciento de ese dinero. Por eso, tuvieron que organizar colectas en  todo el mundo, también en la Argentina.

Dicen que Osama bin Laden tiene una fortuna de más de 300 millones de dólares. También, que cada misil norteamericano que cae sobre  Afganistán cuesta un millón. Y que llegan a caer veinte o treinta  por día. Otra guerra de poderosos, como siempre. Y siempre la misma historia.

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DESOLADOS. Un grupo de chicos y mujeres afganas, que se refugiaron hace poco en un campo fronterizo de Pakistán. (Foto: AP)

 

 Un hospital

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