40º Festival Nacional de
Folklore
Cosquín, enero 22 al 30,
2000
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Después de molestar a unos y a otros, nos dejaron tocar, fuera del horario de la televisión,
el miércoles 26 de enero, penúltimos, poco antes de las tres
de la mañana y con instrucciones de hacer solo dos canciones.
Antes de nosotros, actuaron cuatro o cinco grupos, que como
fue habitual en casi todas las noches de esa edición de lo que
alguna vez fue el mejor festival folklórico del país, eran todos
más o menos desconocidos como nosotros y gritaban y hacían ruido
de modos similares. El público que a esa hora aún quedaba en
la platea, debe haberse sorprendido, al ver que, luego del despliegue
infernal de instrumentos de todo tipo que caracterizaba a quienes
habían visto hasta ese momento, aparecían en el escenario dos
tipos, nada más que con una guitarra criolla y un bombo santiagueño
(construido por Carlos Roberto Sily, dicho
sea de paso). Su sorpresa debe haber aumentado, al ver que cantaban
sentados - que es mucho más cómodo que estar parados - , sin
gritar y sin pedirles que palmotearan o cantaran junto con ellos.
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El
primer tema, la zamba La añera, tocada con
sentimiento pero sin abolerarla, fue recibido con aplausos
interesantes. Pudimos ver que durante la zamba varias parejas
salieron a bailarla.
Continuamos con otro clásico, Chacarera de un triste,
que provocó que, espontáneamente, aumentara el número de parejas
que salían a bailar.
Terminada la chacarera, y mientras saludábamos para retirarnos,
el público aplaudía y nos pedía otra canción más.
Contrariando las instrucciones recibidas, tocamos el chamamé
El cielo del albañil, que, modestia aparte, enfervorizó al público. Y con eso dimos la hurras y nos
fuimos del escenario.
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